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Posts Tagged ‘Violencia de genero’

Reporteras y Reporteros víctimas de violencia sexual

In Awareness Campaigns, Education, Employment, Hispanic/Latino, Prevention, Professional Training, Sexual Assault Awareness on July 4, 2011 at 8:00 am

Reproducido de: http://www.amecopress.net/spip.php?article7200

México: Las periodistas no denuncian casos de abuso sexual

Temen al estigma y a represalias laborales

México, DF, 17 jun. 11. AmecoPress/Cimac.- El Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) documentó los casos de 52 reporteras y reporteros víctimas de abuso sexual alrededor del mundo durante coberturas informativas o en sus lugares de trabajo.

En la información “El crimen silenciado: violencia sexual y periodistas”, elaborado por la editora Lauren Wolfen en colaboración con la Fundación Internacional de Mujeres en los Medios (IWMF, por sus siglas en inglés), se asienta que por estigmas sociales y culturales, así como por el temor a ser reasignados a otras labores, las y los periodistas víctimas de abuso sexual no denuncian los hechos.

Los 52 casos incluyen testimonios de violaciones, manoseos y acoso sexual verbal que sufrieron profesionales de la información durante el ejercicio de su labor periodística. El CPJ aclaró que aunque la mayoría de las víctimas son mujeres, los periodistas varones también han sido blanco de ataques sexuales.

La mayoría de las agresiones ocurrieron en los últimos cinco años, aunque un pequeño número de casos se remonta a hace dos décadas.

El CPJ identificó y clasificó tres tipos generales de violencia hacia las y los informadores: violación en represalia por su trabajo, violencia sexual relacionada con turbas callejeras cubriendo eventos públicos, y abuso sexual de periodistas detenidos o en cautiverio.

Un caso emblemático en la investigación es el de la periodista colombiana Jineth Bedoya, quien en el año 2000, cuando trabajaba en el periódico El Espectador, fue secuestrada y atacada sexualmente durante 16 horas cuando se dirigía a una entrevista con un jefe paramilitar preso.

Bedoya guardó silencio durante nueve años, pero cuando una organización internacional se acercó a ella para realizar un estudio sobre la violencia sexual en Colombia, se dio cuenta de que podía dar voz a los demás para hablar en público y denunciar el hecho, señala el CPJ en su informe.

A 11 años del ataque, la periodista trata de llevar su caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por el incumplimiento del gobierno colombiano para hacer justicia.

Jenny Nordberg, una corresponsal sueca radicada en Nueva York, contó al CPJ que durante un viaje a Pakistán en octubre del 2007, cuando cubría el retorno al país de la ex primera ministra exiliada Benazir Bhutto, fue rodeada por un grupo de hombres que la atacó sexualmente.

“No le conté a los editores por miedo a perder trabajos futuros, porque no quería que pensarán en mí como una chica, especialmente cuando estoy tratando de ser igual, o mejor que los muchachos; en cambio si hubiera sido una editora sí lo habría dicho”, relató Nordberg.

Otras periodistas entrevistadas señalaron que la agresión sexual en el trabajo también adopta otras formas. Narraron que fueron víctimas de manoseos, intimidaciones y amenazas de violencia sexual al cubrir protestas o celebraciones.

Aissatou Sadjo Camara, reportera de la emisora guineana Cherie FM, describió que el 28 de septiembre de 2010 durante una protesta contra el gobierno en un estadio de Conakry, un hombre que se identifico como un soldado la amenazó: “Me voy a poner ropa de civil y voy a violarte. Vendremos, te violaremos y destruiremos a tu familia”.

Camara fue acosada durante 10 días. La periodista tuvo que pedir licencia en su trabajo y cambió su número de teléfono.

El CPJ refirió que las agresiones y amenazas pueden darse en el mismo medio de comunicación. Una reportera afgana, que pidió el anonimato por temor a represalias, dijo que un compañero de trabajo la atacó sexualmente y la mantuvo secuestrada por horas. Explicó que por sus creencias religiosas no denunció el ataque.

Foto: Archivo AmecoPress.

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Internacional – Medios de Comunicación – Comunicación y género – Violencia de género. 17 jun. 11. AmecoPress.

 

Violencia Sexual, un delito silencioso, el menos reportado por temor a la exposición,  la vergüenza pública y al qué dirán.

Giovanna Carney, Especialista en Servicios de Apoyo a la Comunidad Latina

Concilio Rappahannock Contra la Agresión Sexual,

Rappahannock Council Against Sexual Assault, RCASA

2601 Princess Anne Street, Suite 104

Fredericksburg, Virginia 22401

Línea de Servicios de Intervención: (540) 371-5502

Línea de Crisis y de Ayuda Inmediata 24/7: (540) 371-1666

Orientando a la comunidad Latina Inmigrante, sobre El Asalto Sexual

In Hispanic/Latino, Prevention, Sexual Assault Awareness, Therapy, Trauma on May 19, 2011 at 8:00 am

Es importante que hablemos de este tema pues hay muchas equivocaciones  y malas interpretaciones sobre qué significa el Asalto Sexual.

Es importante definir que es Asalto Sexual: Es un el acto sexual forzado, es decir que una persona no lo desea y la otra la obliga de cualquier manera. Este acto forzado incluye todos los actos sexuales como la violación (penetración vaginal, anal u oral), así como también cualquier contacto indeseado en las partes sexuales del cuerpo. Pero también es una forma de utilizar la actividad sexual para humillar, lastimar y ganar el control sobre la otra persona.

Asalto Sexual es un término legal que se usa para todos estos actos violentos sexuales, y es un acto ilegal.

A menudo cuando se piensa en la violación, la imagen que viene a la mente es de un hombre sobre una víctima femenina adulta, pero esto es solo una forma del asalto.  En esta forma de violencia sexual hay víctimas de diferentes edades, razas, sexo y orientación sexual (personas gays, lesbianas, bisexuales o transgéneros).

La violencia sexual está presente en citas con conocidos, en el noviazgo, en el matrimonio; existe el abuso sexual en la infancia y niñez, asalto sexual a hombres y a mujeres.

El impacto de esta violencia sexual es traumático para las víctimas; muchas sufren en silencio,   porque las personas que han sido agredidas,  las amenazan de muerte a ellas y/o a sus familiares,  hacen chantajes, algunas veces dando regalos, o haciéndoles creer que es su culpa, y de esa manera garantizan su silencio.

Como esto es una situación de trauma (es una experiencia vivida por la victima como un atentado a su integridad cuerpo-mente-espíritu) las  reacciones comunes después de un asalto sexual son: sentir miedo, desconfianza, depresión, vergüenza, culpabilidad y rabia. Algunas personas tienen pesadillas o imágenes mentales del ataque. Todas estas reacciones son parte del trauma.

Al pasar el tiempo, con ayuda y apoyo psicológico,  las víctimas recobran su sentido de control y seguridad, convirtiéndose en sobrevivientes.

Cualquier acto sexual indeseado,  es ilegal,  es un acto de violencia,  por lo tanto es un crimen; las personas latinas inmigrantes, que sufren o han vivido esta experiencia pueden llamar a RCASA,  hay ayuda en español,  con sensibilidad y respeto. Tenemos una línea de atención en crisis 540-371-1666.

Leslie Moncada, Consejera Concilio Rappahannock contra el Asalto Sexual (RCASA)

Cuerpo de Mujer, Cuerpo de Victima, Cultura del Silencio

In Education, Hispanic/Latino, Prevention, Sexual Assault Awareness, Trauma on February 24, 2011 at 8:00 am

 

Cuerpo de Mujer, Cuerpo de Victima, Cultura del Silencio

 Las violaciones a mujeres,  son una realidad mundial. Tanto en los países ricos como en los pobres, pese a las diferencias culturales, religiosas y sociales las mujeres siguen consideradas frecuentemente como meros objetos.

 En épocas de guerra, en el cuerpo de la mujer se ha escenificado  el odio hacia el enemigo y las ansias de su destrucción: la violación puede ser pública, en presencia de sus familiares; a padres y familiares se les fuerza a su vez a violar a sus hijas y seres queridos. Mujeres, niñas y niños serían las victimas escogidas. Todo en un intento de anularles como personas y de perpetuar la victoria sobre la comunidad sojuzgada cargando a sus mujeres con los hijos de sus enemigos.

 La violación es el crimen de profanación por excelencia contra el cuerpo femenino, y, consecuentemente, contra toda promesa de vida del conjunto de la comunidad.

 Desde el momento en que se llama violación a una violación, todo el mecanismo de vigilancia de las mujeres se pone en marcha: y se inicia el control social: ¿y ahora que vas a hacer?, ¿quieres que se sepa lo que te ha sucedido? ¿Que todo el mundo te vea como a una mujer a la que eso le ha sucedido? Y de todos modos, ¿cómo es posible que hayas sobrevivido sin ser realmente una mujer de la calle, que no vale? Una mujer que respeta su dignidad hubiera preferido que la mataran. Entonces la  supervivencia, de haber quedado con vida, es un delito, es una prueba que habla contra la victima/sobreviviente.

 Porque lo digno dentro de la cultura machista debería ser  que la mujer quede traumatizada, que sea víctima,  y después de una violación, hay una serie de marcas visibles que deben ser respetadas: tener miedo a los hombres, a la noche, a la autonomía, que no le gusten el sexo ni las bromas. Eso se lo repiten de todas las maneras posibles: “es grave, es un crimen, los hombres que te aman, si se enteran, se van a volver locos y te rechazaran, porque no tienes nada que ofrecer”. Así que el consejo más razonable, por diferentes razones, sigue siendo “guarda eso en  secreto, en lo más privado”.

 Es el silencio la mejor opción si es que la mujer  consigue salir viva de ese infierno, de ese trauma irrecuperable. Entre las frases más comunes de los familiares durante las denuncias son de culpa: “pero viste, yo te dije, ¿para qué fuiste a ese lugar, vestida de esa manera?”, o de negación: “bueno, terminemos todo rápido, no hablemos más de esto”, o la madre que dice “justo a mí me tuvo que pasar esto”. Entonces las víctimas terminan haciéndose cargo de lo que le pasa a la familia, callando, dejando sus historias guardadas.

 Sumada a esta cultura del silencio, se añade a esta violencia de género, el hecho de ser mujeres emigrantes,  que en busca de mejores oportunidades de vida, se enfrentan  en mayor o menor grado durante el traslado, y su permanencia trabajando  en un  país desconocido, en el que enfrentan una serie de barreras de ley, idioma y vulnerabilidad por no tener redes sociales y familiares, es significativo que tales agresiones casi nunca se denuncian ante las autoridades locales, federales  según las protecciones que hay el país,  pues están acostumbradas a callar, a no denunciar, consideran que lo sucedido es parte de sus vidas.

 Las mujeres latinas inmigrantes, vienen de la cultura de la no denuncia, de países en guerra internas, con desastres naturales,  de la violencia social y la pobreza.   Cualquiera que sea su lugar de origen, durante el proceso de traslado y cruce hacia los Estados Unidos, si carecen de los documentos migratorios correspondientes, se ven obligadas a traspasar la frontera por sitios solitarios, como ríos, montañas o desiertos que las exponen a sufrir las situaciones ambientales y desorientación por desconocer esos territorios.

 Además para protegerse de la autoridad migratoria estadounidense y del clima extremo, los grupos de migrantes buscan caminos alternos que no son frecuentados y que aprovechan las bandas delictivas. Los asaltantes saben que por ciertos caminos pasará un grupo con mujeres que desconocen el camino y son su principal objetivo para cometer agresiones.

 Las mujeres migrantes enfrentan problemas adicionales relacionados con su condición de género que, por su naturaleza, no han denunciado y que también ocultan los medios de comunicación. Ante esa situación, se hace imposible que tales violaciones sean investigadas y consecuentemente, mucho menos que se adopten medidas para remediarlas.

 En el traslado a los Estados Unidos, las mujeres enfrentan acoso sexual, solicitud de favores sexuales a cambio de protección, sufren en algunos casos de violación con daño físico y emocional por parte de sus mismos compañeros de viaje, particularmente cuando viajan solas. También los llamados “polleros”  ó” coyotes” y/o las autoridades involucradas en el tránsito hostigan a las mujeres migrantes.

En muchos  casos de violaciones de “polleros”/”coyotes” o de personas ligadas con ellos. Al profundizar en el tema, las mujeres que deciden buscar ayuda, han revelado que la necesidad las hacía “prestarse” y dejarse violar para continuar con vida.

 En otros casos, tras sufrir una violación, las mujeres se avergüenzan del hecho. En esa situación de debilidad emocional, deciden cambiar su destino original  hacia los  Estados Unidos y “con ayuda del pollero”/”coyote” son trasladadas a negocios ligados a la prostitución “para trabajar”.

 El mecanismo que sigue el traficante de personas para abusar de una mujer migrante es el siguiente: seleccionan a las mujeres jóvenes, incluso a aquellas que viajan acompañadas, argumentan que les brindarán más seguridad y las conducen hacia parajes solitarios. Por la noche, un grupo de hombres que previamente le pagaron al “pollero”, las violan varios hombres en la misma noche.

 De este modo, los traficantes de personas obtienen ganancias por el cobro del cruce, por la venta de las mujeres y obtienen además una comisión si la mujer decide caer en una casa de citas.

Ser mujer migrante  implica más desventajas y riesgos en los Estados Unidos, sobre todo cuando –como en los casos de varias de las mujeres latinas – se carece de experiencia migratoria y de los documentos legales correspondientes, y se es muy joven o no se cuenta con familia confiable.

 Cuando la mujer migrante finalmente,  se atreve a romper el silencio, ya sea porque llega a un hospital, o porque  llega a una Organización sin fines de lucro, donde la reciben, para apoyarla y la orientan de manera que ella conozca que es su derecho a denunciar, que no está sola, se inicia un proceso de recuperar su voz, su cuerpo y su derecho de tener una vida con dignidad.

Leslie Moncada, Consejera Latina

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